Madre Tierra

La tierra, desde su creación hecha por los primeros dioses, ha sido la casa y el cobijo de las montañas, los valles, los árboles, las aves, los animales grandes y pequeños guardianes del monte y del hombre. Ha sido la madre, fuente de vida para las culturas y para la humanidad porque siempre nos ha ofrecido lo que necesitamos para vivir.

En los tiempos de las primeras abuelas y abuelos existía armonía, entonces se tomaba de la madre tierra sólo lo necesario para vivir, había respeto por la vida; antes de tomar algo para satisfacer alguna necesidad básica como el alimento o cuando se pedía la protección ante las inclemencias del tiempo, siempre se pedía permiso a la madre tierra a través de las ceremonias como el ch’a’ach’ak o las primicias, había un dialogo constante entre los hombres y mujeres y naturaleza, entonces había abundancia.

Desde que el hombre comenzó a tener un pensamiento de poder, de conquista, de dominio, de rapiña y de explotación se vio en la necesidad de construir grandes ciudades, de crear industrias y un desigual sistema de producción para satisfacer así a una sociedad consumista que cada día va en aumento. Esto ha ocasionado la creación y concentración de la riqueza en unos cuantos, provocando desigualdad social y pisoteando la dignidad de las comunidad y de los pueblos. Ante la imposición de este sistema de vida, se ha visto a la naturaleza como una fuente de explotación donde todo se convierte en mercancía, sin importar la perdida de la biodiversidad, la escasez de agua, la presencia de sequias prolongadas y de huracanes que cada año se presentan con mayor intensidad.

Debemos de ser capaces de reinventar otro modo de vida, que sea armónico con la naturaleza para detener el proceso de suicidio que hemos iniciado para no desaparecer como especie humana.

Como culturas originarias de estas tierras, debemos reconciliarnos con nuestras comunidades, acercarnos a las abuelas y abuelos que están en constante lucha por defender la diversidad en las milpas, por rescatar, defender y conservar las semillas nativas, es decir, por defender la vida. De esta manera podremos aprender de la sabiduría a partir de sus vivencias y del cuidado de la naturaleza.

Nosotros como hijos de estas tierras y territorios debemos de cuidarlos, defenderlos de todos aquellos que siempre buscan la mínima oportunidad para despojarnos de nuestra madre tierra y explotar todo lo que en ella se encuentre.

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