Femineidad por encima de femin-ismos

abajo

Habíamos gente de todas partes del mundo soñando con un mundo mejor, todos esperábamos impacientes escuchar las palabras de las mujeres y los hombres zapatistas que a lo largo de 25 años han construido con su propia sangre sus comunidades autónomas, que a pesar de dificultades, intimidación y persecución, mantienen como un ejemplo de lo que es posible más allá de los sueños.

Todos los que estábamos ahí en San Cristóbal de las Casas acudimos al llamado del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) al “Primer Festival de la Digna Rabia”.

Muchas personas expusieron sus pensamientos, y su manera de ver como es que hay que empezar a construir ese mundo mejor, pero no solo mejor para quien lo piensa, sino mejor para todos, para que nadie sea más o tenga más, ni menos, sino para que seamos respetados por igual aunque todos somos diferentes, y donde todos tenemos que dar un poco de nuestro esfuerzo para que sea posible.

Una de las palabras que más resonaron en mi pensamiento y mi corazón fueron las expresadas en la mesa de mujeres (será porque mi genero y mi corazón son inevitablemente femeninos).

Entre las cosas que se escuchaban era que las mujeres debemos empezar a darnos cuenta de nuestro valor, decían: “Exigimos a todos los hombres del mundo que nos respeten…porque un México sin mujeres no sería México y un mundo sin mujeres tampoco sería mundo”, porque las mujeres somos parte del mundo al igual que los hombres, al igual que los animales, al igual que la naturaleza, entonces cada uno de nosotros que somos parte del mundo merecemos respeto, por eso no debemos pensar que “la mujer no sirve”, como piensa el gobierno, el ejército y la policía que encarcelaron, violaron y ultrajaron a Mariana Selvas y a muchas otras mujeres por decir que quieren un mundo mejor, o como piensan los maridos que golpean y matan a sus mujeres porque no les sirven la comida a tiempo. También decían que para que podamos construir cualquier cosa tenemos que hacerlo entre todos o sea entre hombres y mujeres sin que uno quiera ser más que el otro, sino por igual y a la par, y que para lograr el respeto de las mujeres también tenemos que luchar por el respeto de los hombres, y que la manera mejor de hacer las cosas es poniéndonos de acuerdo y respetando nuestros acuerdos, entre hombre y mujer.

Estas palabras resuenan aún hoy en mi cabeza, y entonces entiendo por qué nunca me había gustado la palabra “feminismo”, seguramente por ese “ismo” al final, que en mis oídos suena como una secta en la que las mujeres buscan ser quien manda y vengarse de las injusticias de las que hemos sido presa, en manos de los varones, las religiones o el Estado a lo largo de la historia; en esta secta para tener una pareja se habría que evitar toda emoción que pueda mostrar ternura, tendríamos que dejar nuestras características femeninas y adoptar las masculinas para poder ser respetadas (¡qué paradoja!). Así es como empecé a pensar que las feministas en realidad son mujeres machistas.

Pero en el “Primer Festival de la Digna Rabia”  este tipo de femineidad, o sea lo femenino, hizo un llamado, no solamente a mi corazón y a mi pensamiento, sino al de todas las mujeres del mundo, y nos dijo: vamos, todas a reforzar nuestra identidad femenina sin someternos a nadie, hagamos todas nuestra lucha siendo nosotras mismas, cumplamos con nuestro encargo en el mundo como constructoras de un mundo mejor para todas y todos, vamos hoy, todas sin miedo a luchar por un mejor mañana para nuestras hijas e hijos…

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