Cuentan nuestras abuelas y abuelos mas antiguos que “…primero se formaron la tierra, las montañas y los valles, se dividieron las corrientes de agua, los arroyos se fueron corriendo libremente entre los cerros y por debajo de ellos y las aguas quedaron separadas cuando aprecieron las grandes montañas…” (Popol Vuh, 1ª parte, Capítulo I).

Hoy el corazón de nuestra Madre tierra se duele, pues nuestra Hermana, la Sagrada Agua, ella que antes corría libremente y entre los seres vivos repartía su canto ya no corre libre entre las montañas y debajo de ellas, con presas la han encerrado, le prohibieron recorrer el mundo y repartir la vida, la lastiman con sustancias contaminantes, y ella en su andar, ella que antes cantaba, ahora llora y nos llama, y es ese llamado el que llegó al corazón de nuestros pueblos y nos convocó en SibacHa, Ocosingo, Chiapas del 26 al 30 de Noviembre de 2008 al XVIII Encuentro Ecuménico de Teología India Mayense, con el tema La Sagrada Agua: Manantial de nuestra vida.
Arropados por las faldas blancas de la montaña, abrazados por la palabra que viene del corazón, buscando a la sagrada agua que nuestras abuelas y abuelos nos enseñaron que hay que cuidar como a la hermana más pequeña, la más delicada, a ella que nos entrega su alma para darnos vida, a ella que a cambio de su ser le hemos dado sufrimiento. Escuchamos la palabra que viene del corazón de nuestros pueblos Tseltal, Tsotsil, Tojolabal, Chol, Maya, Zoque, Qu’eq’chi, Pocomán, Quiche, Cakchiquel, Mam, Kanjobal, Castilla, Francés y Portugués; escuchamos en su voz, la voz de nuestra Sagrada Agua, que hoy buscando a nuestro corazón indígena, nos dice, que son ellos; los empresarios y sus empresas a los que no les importa producir muerte mientras sus riquezas sigan en aumento; los partidos políticos, son ellos, que con la misma ambición han creado leyes para convertirla en mercancía, son ellos que quieren vender a nuestra hermana, la Sagrada Agua, son ellos…

Y ella, está buscando a nuestro ser indígena, buscando hablar a nuestro corazón para que nuestras lágrimas se conviertan en coraje y recordemos las enseñanzas de nuestros abuelos y abuelas diciendo, que no podemos, no debemos convertirnos en cómplices de este sistema, y como individuos cambiar nuestras acciones, para cuidarla, y en la unidad de nuestros pueblos buscar la fuerza para defenderla y defendernos de la gran amenaza que significan para nosotros los partidos políticos y las grandes empresas. Nuestra hermana, la Sagrada Agua, nos llama desde el corazón de nuestros pueblos, como hombres y mujeres de maíz que somos, a asumir nuestro compromiso.






